EL “EGOSISTEMA” EMPRENDEDOR, UNA ALERTA SOBRE EL DESARROLLO DE LA COLABORACIÓN

 

La diferencia es de sólo una sola letra, pero la connotación es de palabras opuestas. Como dicen los manuales de primaria, la definición de ecosistema está asociada a la relación de distintos actores, entre sí y con el entorno. El “egosistema”, en cambio, refiere a la exaltación de los propios atributos, que conduce a la segmentación y al aislamiento.

En la Argentina, la expresión se escucha con frecuencia en distintos ámbitos. Exposiciones, debates, charlas de café o tuits alertan sobre el peligro de que los egos afecten la construcción de una red de relaciones lo suficientemente firme y abierta como para ampliar su alcance a nuevos emprendedores.

En tiempos donde la economía colaborativa se instala como un nuevo paradigma, el emprendedorismo que emana de ella expande la tendencia en el mundo. En ese avance, algunos ambientes resultan más favorables que otros para la apertura y retroalimentación de los miembros. Se trata, en general, de una condición ligada a la madurez del ecosistema.

A nivel local nadie niega los pasos adelante en los últimos años, sobre todo en la multiplicación de los programas para impulsar nuevas firmas en etapas tempranas. Universidades, gobiernos, empresas y entrepreneurs estrecharon sus relaciones. Pero pese al reconocimiento surgen voces de alerta sobre la escasa colaboración, los peligros de elevar de forma desmedida los egos de los emprendedores e incluso de crear ambientes muy cerrados a su alrededor.

Juan Manuel Menazzi, director del Centro de Emprendedores en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), afirma que el argentino es un “egosistema”, al que define como “un ecosistema viciado por la falta de cooperación”. Y contrasta: “Los ecosistemas virtuosos que todo el mundo toma como ejemplo -Silicon Valley, Israel o los clusters del norte de Italia- son constelaciones de corporaciones y emprendedores, banca, universidades, inversores y el Estado, que mantienen una interrelación virtuosa. Eso vuelve más sencillo emprender, porque el modelo de desarrollo de negocios es un win-win”. Según Menazzi, en casos donde la colaboración está aceitada, “emprender no es fabricar algo a 10 y venderlo a 20, como una actividad aislada, sino generar valor a las partes implicadas”.

En el país, describe el director del centro de entrepreneurship del ITBA, las cosas son distintas: “En lugar de relaciones virtuosas tenemos relaciones disfuncionales y de desconfianza, dadas por características propias de nuestro sistema, que son el individualismo y la anomia”. El origen de esos problemas, explica, es la “inestabilidad estructural, los cambios constantes, que dan lugar a una planificación individual y de corto plazo. Los que apuntan su mira al largo plazo -lamenta- inmediatamente piensan en radicar su empresa en el exterior”. A eso agrega la presencia local de lo que califica como un “establishment del mundo emprendedor, que traba la colaboración”.

Tomás Costanzo, fundador y CEO del Campus Emprear, comparte el punto de vista crítico: “En los egosistemas hay personalismos y cierta cultura exitista”. La consecuencia, dice, es una segmentación: “Eso genera una lista de pocas personas e instituciones que se posicionan en la punta de la pirámide y se convierten en una elite lejana a los emprendedores que están más abajo”. Para Costanzo “es responsabilidad de todos que haya más emprendedores y de mayor calidad en el funnel [la etapa inicial] y no sólo del Estado que asume los riesgos de los emprendimientos más nuevos; no podemos ubicarnos todos en la parte más rica de la cadena de valor”.

Tanto en el Campus Emprear como en otras instituciones de formación de emprendedores se transmiten principios que, de consolidarse, podrían afianzar las relaciones entre los distintos actores de este universo en pos de construir un verdadero ecosistema. “Les inculcamos el trabajo colaborativo, la importancia del networking, que compartan sus bases, que hablen con la competencia, y eso también deberían hacer las instituciones”, opina el CEO del espacio que acompaña a las empresas nacientes desde su gestación.

Menazzi considera que puede producirse una fragmentación en el ecosistema si el mensaje de las charlas y los eventos inspiracionales llega a los emprendedores de modo distorsionado. “No debe interpretarse que hay un solo tipo de emprendedor, que es el de alto impacto; también puede haber empresas pymes más locales y pequeñas, pero eso no es lo que se promociona ni se apoya”, indica.

Un esfuerzo integrador surgió este año de una parte del ecosistema local, que busca constituir una entidad “gremial” empresaria entrepreneur, con el apoyo de los tres sectores. Hasta el momento cuenta con 1452 adhesiones y aspira a llegar a 10.000 en el menor tiempo posible. El objetivo es fomentar la colaboración e impulsar políticas públicas que contribuyan a la actividad.

También el emprendedor puede ser promotor de un “egosistema”. Raúl Rivera, pieza clave del modelo chileno, ve aspectos positivos en este comportamiento: “Ser emprendedor y creer que vas a cambiar el mundo depende de una dosis importante de confianza en uno mismo; el ego es propio del emprendedor y que los argentinos lo tengan en mayor nivel es positivo”. Lo que hay que prevenir, advierte, es que se convierta en vicio y conduzca al aislamiento. El especialista chileno destaca, no obstante, “la capacidad de colaboración en la Argentina, que desmiente la asociación de los egos con un factor negativo”. Para que sea una cualidad, Menazzi prefiere cambiar la palabra ego por autovaloración.

Por egosistema se entiende igualmente a lo que los negocios sustentables están dejando atrás, con la inclusión del otro y del entorno. “El egosistema se soluciona trabajando en serio para otros”, sintentizó en un tuit Mariano Amartino, director global de Wayra.

Nuevo paradigma

Compartir es el principio básico de la economía colaborativa que está revolucionando distintas industrias. Es el fundamento de Uber, AirBnb y de numerosos sitios de crowdfunding. La colaboración da lugar a la cocreación que favorece la innovación. De allí la importancia de tejer de un ecosistema colaborativo entre los distintos actores del emprendedorismo.

Fuente: La Nación